Queridos hermanos, les escribe José Luis, su hermano menor. Les quiero compartir una reflexión a cerca de un tema que me ha robado el pensamiento durante tanto tiempo y del que no encontraba las palabras para expresar. Esto es acerca de nosotros;  de nosotros como personas, como familia, como hermanos, como hijos, como colegas, como empresarios, como emprendedores, y como todo lo que algún día pudimos ser; y tristemente, creo que hemos fallado en todos y cada uno de estos aspectos.

 

- Hemos fallado como familia -

Somos una gran familia. Para ser exactos 32 integrantes entre nuestros padres, hermanos, nuestras parejas y nuestros hijos. Pero a pesar de ello, fuimos solo unos pocos los que nos juntamos a cantarle las mañanitas a Doña Vicenta, con motivo de su cumpleaños número 62. No olvidemos que si alguien ha dado todo por nosotros, es ella y lo sigue haciendo, incluso ahora que ya somos adultos casados y con hijos, y que en el sentido común de la situación, ¨ ya somos independientes¨.

 Lo menos que nuestra madre merecía era una bonita reunión con todos sus hijos, sus nueras, su yerno y por su puesto todos sus nietos. Debimos haber celebrado la vida de aquella mujer fuerte, capaz e inteligente que es nuestra madre. Debimos haber dado gracias a dios por permitirnos una año más de vida a su lado, y si lo piensan de otra manera, también fue un años menos a su lado. Pero nada de esto sucedió, una vez más ganó nuestro egoísmo, desinterés, ignorancia, arrogancia… Llámenlo como quieran, pero es evidente que familia dejamos de ser desde hace mucho tiempo, y lo único que nos une son nuestros lazos sanguíneos.

 Da tristeza escuchar lo mal que hablamos de nuestros hermanos y sus parejas, da tristeza ver como nos hemos perdido el respeto y la tolerancia, da tristeza ver las ganas que tenemos de ver fracasar a los nuestros, da tristeza ver en lo que nos hemos convertido. Hemos fallado como familia.

 

- Hemos fallado como hijos -

Hasta nos hemos atrevido a juzgar a nuestros padres como si nosotros fuéramos mejores que ellos, o más capases o más inteligentes. Incluso hemos tenido el valor de culparlos por nuestros errores y desaciertos.  Hemos ignorado sus consejos y puesto en duda sus palabras. Recordemos que ellos vienen desde abajo, sin estudios, sin apoyo, sin dinero, sin privilegios y sin oportunidades. Pero a pesar de todo, ellos lograron darle a 7 hijos, estudios, apoyo, dinero, privilegios y oportunidades. ¿Se les hace poca cosa?

 Nosotros no empezamos desde cero, sin embargo estamos muy lejos de amasar el éxito y la fortuna que ellos han hecho, es más, ni siquiera hemos sido capaces de conservar lo que nos han dado. Yo me pregunto, ¿Seremos capaces de darle a nuestros hijos lo que nuestros padres a nosotros? Una buena escuela, un auto del año, viajes, un terreno, una casa o un negocio. Y no solo hablo de cosas materiales, sino del gran ejemplo de vida que son nuestros padres. Ellos son un monumento al emprendimiento, a la honestidad, a al humildad, a la perseverancia, a la unión, a la consistencia, al trabajo de sol a sol, a no rajarse, a ser chingones. Y todo esto con ejemplos concisos y hechos irrefutables. ¿Le estamos dando a nuestros hijos aunque sea un poquito de todo esto? ¿Le agradecemos a nuestros padres por todo lo que han hecho? Nos dejamos vencer, malgastamos, despilfarramos, mal invertimos, nos deshacemos de las cosas, restamos, dividimos, mermamos el patrimonio familiar; vamos de reversa. Hemos fallado como hijos.

 

-Hemos fallamos como hermanos y como personas-

No se en que momento dejamos de darnos la mano, si antes nos mirábamos hacia abajo, era para ayudarnos entre nosotros a levantarnos, ahora nos miramos hacia abajo por que unos estamos arriba de otros.

 Hemos preferido apoyar, apoyarnos y confiar en otras personas antes que en nosotros mismos, aquellas personas por las que cambiamos a nuestros hermanos las llamamos “amigos”.  Personas que lo único que han traído a la familia son problemas y disgustos. Hemos puesto en riesgo a los nuestros, a nuestros padres,  a nuestros hijos, a nuestro patrimonio y a todo lo que nuestros padres han hecho por nosotros.

 Nos hemos vuelto tan egoístas que logramos nuestros cometidos sin importar pasar por encima de nuestros hermanos, dijera el dicho, comiendo mis dientes aunque no coman mis parientes. Nos hemos usado, nos hemos incumplido, nos hemos desempleado, nos hemos saboteado, nos hemos hecho de todo; incluso sabiendo que no solo estamos perjudicando a un hermano, estamos perjudicando a un padre o madre que necesitan urgentemente proveer a una familia. Una familia como la nuestra, con necesidades como las de la nuestra, con sueños como los de la nuestra. ¿En qué nos hemos convertido? ¿Por qué si somos tan semejantes, no nos duele hacernos tanto mal? ¿Por qué preferimos hacernos los ciegos? ¿En qué momento se volvió normal tanta desigualdad, tanto desamor, tanta injusticia y tanta indiferencia? Hemos perdido valores indispensables para nuestro crecimiento, valores que le permitieron a nuestros padres llegar muy lejos, valores que si no recuperamos, difícilmente vamos a crecer. Hemos fallado como hermanos y como personas.

 

-Hemos fallado como colegas, como empresarios y como emprendedores-

Nos falto fidelidad, organización, compromiso, entrega, garra, visión. Antes que cualquier cosa, no supimos ver la oportunidad de negocio tan grande que tuvimos en nuestras narices. No supimos manejar nuestro negocio como la empresa que fue. No supimos identificar sus departamentos ni sus necesidades. Nunca pudimos crear un sistema de trabajo que nos permitiera asignar las tareas de nuestra empresa de manera adecuada, sin dejar a nadie fuera. No supimos crear la jerarquía que permitiera conservar el respeto entre nosotros, esa jerarquía que permitiría el trabajo armonioso y limpio. Nunca supimos cuál fue nuestro lugar dentro de la empresa, por eso siempre hubo peleas, desacuerdos, disgustos rencores y errores.

 

No estoy exagerando, pero se nos está yendo de las manos un negocio millonario. Y es que, ¿cómo se le podría llamar a un negocio que a permitido la adquisición tantas casas, tantos autos nuevos, propiedades, escuelas, lujos y hasta vicios, vacaciones, y que ha cubierto todas nuestras necesidades por al menos los últimos 25 años? No lo se, al parecer no fue lo suficientemente redituable y decidimos abandonarlo para dedicarnos a otra cosa.

 

Nos es un secreto que nuestra familia está plagada de talento. Es evidente que por nuestra venas corre el talento y el ingenio que Doña Vicenta y Don Chucho nos heredaron. Sin embargo, no sabemos explotar nuestros talentos. No supimos escucharnos, no supimos darnos nuestro lugar, no supimos trabajar en equipo, no supimos valorar nuestros talentos, no supimos sumar ni multiplicar. Se que pudimos ser una potencia, pudimos ser implacables, intocables, inseparables, inalcanzables, únicos, especiales, simplemente los mejores.

 

Hoy, estamos separados, necesitando de nuestros consejos y nuestros talentos. Estamos caminando solos, probando suerte con nuevos negocios, frustrándonos, desilusionándonos, cayéndonos y levantándonos. Incluso algunos de nosotros somos nuestros propios competidores; el mal de uno significa el bien del otro y viceversa. Qué locura. -Hemos fallado como colegas, como empresarios y como emprendedores

 

-No fallemos como padres-

No busco criticar, ni juzgar. Nada está bien, nada está mal. Ni siquiera reniego de todo lo sucedido; me quedo con todo lo bueno. No busco perdón ni reconciliación, pero sí les pido resiliencia para cambiar la forma en la que estamos actuando. Las cosas hechas están y tal vez las consecuencias son irreversibles. Tal vez jamás seamos lo que quisimos ser. Tal vez nunca nos podremos ir los 32 de vacaciones a la playa, o siquiera juntarnos en el cumpleaños de nuestros padres.  

 

Solo les pido que estemos consientes de que ya no somos solo nosotros, son los que vienen; nuestros hijos están creciendo y están siendo testigos de esta masacre. Enseñemosles la importancia de respetarnos entre nosotros, de ser humildes, de ser fieles, de pedir y ofrecer ayuda,  enseñemosles a ser empáticos, a colaborar, a respetar, a trabajar en equipo, a jugar limpio. Recuperemos el valor de la familia; que no se repita la historia.

 

Ayudemos a convertirlos en la familia que no pudimos ser, en los hijos que no pudimos ser, en los hermanos  y personas que no pudimos ser, en los colegas, empresarios y emprendedores que no pudimos. No fallemos como padres.